Hasta no hace mucho, era común ver en los clasificados de los diarios impresos una sección especial dedicada a la oferta de lo que se conocía como «trabajos mágicos». Es decir, personas que ofrecían servicios de lectura de cartas, curandería y hasta hechizos como un oficio más por el que ponían sus tarifas. El hecho de que ya no se vea este tipo de publicidad en los diarios impresos, no significa que el rubro haya desaparecido. Al contrario, se puede decir que solo cambió de espacio y ahora gana lugar gracias al alcance y la inmediatez que propone la virtualidad.
Fue con la irrupción de la pandemia y las restricciones de acercamiento para la población que muchas actividades debieron adaptarse al espacio virtual. Y, el rubro de todo lo que tiene que ver con lo considerado mágico no fue la excepción. Fue así como los espacios de compra-venta y las plataformas comerciales de las redes sociales, también comenzaron a estar pobladas por perfiles de personas que dicen poder lograr lo imposible.
En Corrientes, en el Marketplace de Facebook, no es muy difícil encontrar estas ofertas. Desde lectura de cartas del Tarot, limpieza espiritual, amarres, embrujos, vidas pasadas, entre muchos otros trabajos. Solo basta poner alguna de estas palabras en el buscador, calibrar la búsqueda al área geográfica específica y los perfiles saltan a la vista.
«Despejando caminos y complicaciones, logrando el amor en pareja mutuo, mejorando enormemente tus finanzas, con muy buena salud tanto física, mental, emocional y espiritual, logrando ver tus errores»; «Debés visitarnos para aprender a liberar tus malas vibras, cortar negatividades, conquistar tus metas y armonizarte psicoenergéticamente»; «Brujería de alta magia, ya sea negra o blanca, su consulta no molesta». Los mensajes son de lo más diversos, pero todos aseguran una solución efectiva a un problema de quien se anime a contactarlos.
CAPACIDAD DE
ADAPTACIÓN
Otra cuestión que hace a la proliferación de la publicidad mágica en las redes es su adaptación a los cambios. Antes, para que se realice un trabajo, la persona que pagaba por el servicio debía acudir a la casa de la curandera o el brujo. Ahora y otra vez, como resultado de las fuertes restricciones que se impusieron durante la pandemia del Covid-19, surgió y se naturalizó la posibilidad de realizar, por ejemplo, una lectura de cartas por Whatsapp o una sesión a través de Zoom.
Esta nueva forma que aprovecha las aplicaciones de comunicación que se van renovando de manera permanente también significó una posibilidad de aumentar la cantidad de clientes. De hecho, hay quienes ponen ofertas si la sesión es con videollamada o presencial e incluso están los que pueden realizar trabajos para personas que están en otras provincias o en otros países.
Los precios son otro cantar. Algunos los colocan a la vista de todos, otros piden que se les hagan consultas por mensajes privados. Lo cierto es que, dependiendo del pedido, el servicio puede variar entre los 2.000 y 5.000 hasta los 20.000 pesos en adelante.
El problema, como con todo lo que se ofrece a través de la virtualidad, está en que no hay garantías y en los muchos estafadores que acechan estas plataformas. En este caso, hay quienes ponen sus referencias por los trabajos que lograron. Lo demás queda en manos de los clientes y en si deciden confiar.